Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Cuequita esquivadora

De tanto y tanto mirarte
coloraos tengo los ojos,
los cambiaré por dos uvas
pa'que me veás sin enojo.

Quizá quieras saborearlos
a la sombra del parral,
ojos y boca juntitos,
probalos, no te harán mal.

¡Ay, mocita esquivadora,
tus generosas caderas
cuando van y cuando vienen
más que el vino me marean!

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Prosa

Soy la brisa impertinente

¿Dormís aún?

Agito las cortinas para vos, doy una vueltas por la habitación, volteo una página del libro que leíste anoche y entro discreto en tu sueño.

Lo hago primero por el mechón de tu frente y te das vuelta.

Recorro suavemente tu contorno dibujado en las sábanas. Asoma un pie y allí me dirijo. Dedo a dedo me filtro a tu tobillo, es suave y tibio. Tiene la suavidad de las cotidianidades no estrenadas.

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Humor

De cuantías, consciencia y ¡ma, si...!

Si para sujetar lo conseguido
habré de abarcar más lo abarcado,
si para conservar lo que he ganado
debiera aflojar lo que he ceñido,

si para no perder lo que, de aumento,
acumula mi cuerpo agradecido
cual vasija de caro contenido
rebosante de cálido elemento

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Nubes a cuerda

Nictoplasma

Revuelvo con un dedo
la viscosa espesura de la noche

negro…

más negro…

menos negro…

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!