Como un navío nocturno

Ya sangró el día sus últimas plegarias,
se esfumaron sus tenues pretensiones
tras un tul de suaves movimientos,
mórbidas ondulaciones en adioses para siempre.
Bebió la noche la última gota de su copa
y rompió el áspero cristal
en el duro rostro del asfalto,
brindando por todas las alegrías pasadas y futuras,
por todos lo llantos por haber y habidos.
