Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

In*

* Incoherencias tonales derivadas de arbitrarios bautismos gramaticales santificados por eruditos de acabado deficiente, a los que les da lo mismo el icor sagrado que una comadreja renga, o sea. (éste es el título completo)

Si la palabra “grave” siempre es grave,
grave es también llamarla de otra forma,
pues alguien una vez dictó la norma
resaltando la sílaba que es clave.

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Prosa

Adrianita

A los seis años uno apenas comenza a salir del estado larval (aunque algunos no lo consiguen en toda su vida) y yo era una larva algo temerosa ante los extraños, bastante solitaria, pero lo suficientemente curiosa como para ser optimista con respecto a mi vida social. Claro, no para un ¡waaaaaaa! ni nada cercano, pero sí para lograr ser discretamente sociable.

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Humor

Animaladas V


Acá vengo a presentarme
con mi trajecito e'gala.
No es lechuga, acelga o chala
ni uniforme de gendarme
lo qu'encima vine a echarme,
ej'azí verde mi cuero,
(aunque le parezca fiero)
también verde es mi vihuela
y, aunque tenga poca escuela,
soy lagarto guitarrero.

DHB

Nubes a cuerda

Filosa realidad

El péndulo oscila
de un extremo al otro de la hipnosis
decapitando indiferencias
que
acostadas en hileras ordenadas
entregan la inercia de sus cuellos
a esa media luna de sonrisa centelleante

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!