Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Cómo comer una palta


Primero hay que elegirla
del nidal del misterio
donde el dragón selvático
depositó sus huevos

pequeñas y rugosas
o enormes y brillantes

yo prefiero las últimas
por su derroche verde

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Prosa

Ranita con alma

A veces uno se relaciona con los elementos más insospechados, más inesperados, más insólitos y/o más inverosímiles.

Hay personas que establecen una relación fuerte con sus mascotas y a sus allegados puede parecerles (lo he escuchado) patético: “¿Por qué no adopta un niño/a? ¿Por qué no hace docencia? ¿Por qué no participa en una organización social?” Por qué, por qué, por qué… Porque muchos han SUFRIDO los contactos con otras personas y les resulta más fácil, más seguro, más duradero un animalito ¡déjenlos ser!

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Humor

Campo minado

Dispersos por la vereda
en estratégica trama
acechan, fétido drama,
al caminante apurado
para empastarle el calzado,
sea caballero o dama.

Un señor muy atildado
de monóculo y leontina
saca a la joya canina
a soltar su intestinada
y se va, como si nada,
dejando el “boyo” en la esquina.

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Nubes a cuerda

Globos

Globos en el aire
globos transparentes
cristalinos como la voz del agua
quietos como la espera

flotan

flotan

no los agita la corriente de ojos
ni las ondas mudas del aliento

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!