Letras inútiles, confusas, desorientadas, puercas, escandalosas... necesarias

OrquideAlucinadA

mis pruebas

(bolsillo/mis pruebas)

Ejemplo de Tabbox

Poesía

Remolinos de insomnio


Resignado a un limbo insustancial
me dejo llevar por los delirios del desvelo
¿Quién sabe? quizás sus gases narcóticos
despierten amorfas floraciones
o imposibles melodías.

I

Un reloj taconea a mi costado
su solitaria travesía de horas rengas.

II

El farol de la calle
dora el cerco que asoma a mi ventana
y una selva de ámbar
invade mi trópico de ensueños.

III

Por momentos trae la brisa
recuerdos de rosales
y floto un poco en su dulzura
evocadora de otros pétalos
ya llevados por el viento.

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Prosa

El hombre espejo

Porque es como nosotros (es decir, cómo sentimos el querer y no) todos atentamos contra el hombre espejo, ese personaje gris, con cara de nada, que camina por el borde de la acera, como un pucho apagado al viento. No lo miramos, no lo vemos, y , sin embargo, lo odiamos.

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Humor

Animaladas I


Viendo pasar la existencia
desde mi cómoda hoja
no me perturba ni moja
esta húmeda presencia.
Ni de la labor la ausencia
me causa remordimiento.
No exagero ni le miento:
para mí no es el trabajo
dado que nunca me atrajo,
por lo tanto ni lo intento.

DHB

Nubes a cuerda

Semidespierto

El pájaro de oro
de líneas gráciles y furia decidida
ataca la esfera donde un árbol
en su breve planicie verde y acotada
flota sobre un océano diminuto y acerado

Allí la daga de un pez ensimismado
me observa en silencio
obviamente

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Ocaso aplacó tus vapores agresivos
y una brisa a contramano
no alcanza a rizar tu epidermis aceitosa
cuyas lácteas lunecencias
ondulan, como boas ancestrales,
hacia un remoto origen de yemas optimistas.

Cinta de luto, aún más anochecida,
con una hebilla de plata que trae del recuerdo
orillas frescas y juncos estremecidos.

¡Pobrecito animal manso y apaleado!
En tu agónico reptar de pluviales movimientos
aún persiste la memoria del vergel y los jazmines.
Esta noche olvidás la ofensa suburbana
y brillás,
generosa guirnalda que se tiende

desde mi desazón al ojo ebúrneo
que nos mira discurrir conjuntamente
en un intento terco y obcecado
de mantener el cauce y la mirada.

Desde el puente,
tus reflejos de ameba iridiscente
estallan calmos, me dilatan, me contraen,
en un musical silencio de latidos apagados.

¡Contagiame la gracia
que, aún en los estertores subcutáneos de tu muerte,
le gritás a las ruinas fabriles de tu vera,
que, atónitas,
en su limbo lunar de grúas oxidadas,
no entienden (pobreza mineral)
que en tu lecho de barros venenosos
subyace el germen resistivo de tu vida!